El recuento de los daños

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Te quedaste de ver con él. Te despiertas contenta porque te haz hecho la promesa de que vas a hacer tu enésimo intento para que esta relación funcione.

Te diriges al lugar convenido. Mientras; tratas de alejar, como sí fuera un mosquito, esa sensación que te dejó su tono sombrío cuando te citó.

Al llegar, lo tienes que esperar y te molesta; pero procuras omitir esa sensación porque ya no, ya no quieres pelear otra vez.

Lo ves llegar y agitas la mano para saludarlo y no puedes evitar una sonrisa. Sin embargo, al acercarse lo ves serio y eso te preocupa y pides al cielo que no sea preludio de un reclamo y su consiguiente discusión.

Cuando lo saludas lo sientes distante y te preguntas por qué. Entonces él te dice: “tenemos que hablar”.

A partir de ahí todo se vuelve un raudal de situaciones, emociones y frases que no tienen orden ni sentido y terminan contigo llorando en todos los rincones u hombros que se presten para ello.

No sabes en que momento escuchaste frases de él que no solo no te parecieron sinceras sino hasta absurdas y que en este contexto parecían más absurdas aún: no eres tu, soy yo; no es por ti; eres una chica maravillosa; si quieres podemos seguir siendo amigos; sabes que te quiero mucho; y un largo y penoso etcétera.

Por la sorpresa, el amor, tus buenas intenciones o lo que sea; el dolor que sientes es tan intenso que el llanto no sirve para desahogarlo, ni mucho menos para mitigarlo. Te sientes dolida, herida, decepcionada, lastimada, engañada, frustrada. Todo al mismo tiempo y por eso ni siquiera eres capaz de distinguir ni qué, ni cómo ni en qué orden padeces tus sentimientos y emociones.

Al pasar por una ruptura traumática tratamos de solucionarlo de dos formas: o confiamos demasiado en las cualidades terapéuticas del tiempo o nos obligamos “a olvidar”. Ninguna funciona pero esta última menos ya que, lamento decirte, el olvido a fuerza es la mejor manera de recordar algo. Otras formas en que tratamos de buscar consuelo son: o atosigas a quienes te rodean con historias del malo que terminó contigo, o tratas de ahogar las penas en alguna variante de la anestesia, o te metes en una relación sin futuro para averiguar que tan cierto es eso de que un clavo saca otro clavo o de plano para comprobar si la revancha aminora el dolor. Lo verdaderamente doloroso es que averiguas en primera persona que nada de esto te da resultado y lo peor del caso es que durante tu investigación lastimas a otras personas y eso hace que te sientas peor y todo comienza a complicarse demasiado al punto de que te encuentras en un callejón sin salida.

En ese momento empieza una etapa que define muchos aspectos de tu vida y de duración indeterminada conocida como fase de duelo y aunque no lo creas hay personas en las que el choque por una ruptura es tan fuerte que tardan años en salir de semejante estado o peor aún,se acostumbra al grado de que se vuelve su modo habitual de vivir. Esta fase te deja noqueada al principio y cuando por fin vas saliendo de esta horrenda época te das cuenta que tu seguridad se ha visto mermada y que ya no confías en las personas y cada que alguien te pretende crees que te va a pasar algo igual o peor.

¿Hay salida para situaciones como ésta? Si, sí la hay. Debes de acudir con un profesional a que te ayude a resolver esta fase de duelo. Ahora bien, si no tienes ganas, o dinero, o intención de acudir con uno o mientras lo haces te voy a presentar un ejercicio que te puede ayudar muchísimo.

Por mucha atención. Cuando estas en esta fase te dices cosas como: yo tuve la culpa, yo lo provoqué, seguramente anda con otra (a veces esto sin que te conste), la otra debe ser muy bonita (si no te consta lo anterior, esto menos).

Te cuestionas cosas como: ¿por qué a mi? ¿por qué no lo vi venir? ¿qué he hecho para que me pasen estas cosas?

Ahora pon más atención. Todas esas cosas que te dices es lo que llamo el “recuento de los daños” (si, como la canción). Haces una lista mental de todo lo que salió mal y además por si fuera poco te culpas por ello y lo peor es que sin que te des cuenta y paulatinamente te lo empiezas a creer. Te destruye cuando te enteras que él ya “rehizo su vida” y tu autoestima se hace pedazos. Aunque no creas hay personas que se pueden pasar toda la vida en este recuento y lo que es peor, en cierta forma dicha lista al volverse habitual y recurrente puede definir la elección o el tipo de futuras relaciones. Es decir, es un conjunto de pensamientos que crean una categoría (yo tengo la culpa) y que se refuerzan a sí mismos.

Ahora el recuento de los daños es una parte hasta natural del proceso de duelo. Lo serio del asunto es que podemos formarnos esquemas mentales que sólo nos dejen funcionar así y que nos pasemos toda la vida pasando lista de los daños que provocaron o se provocaron por esa ruptura y que nos encuadre la mente para que sólo podamos ver ese tipo de relaciones o sus contrapartes y nos dejen en una vida en blanco o negro: las relaciones son malas o buenas,los hombres son malos o buenos y por consecuencia te dices algo como: “a mi me tocan los malos”.

Tenemos que aprender que una mala relación o una mala ruptura no nos hace malas personas ni que todos las personas son malas por definición o por sistema.

Bien, entonces, ¿qué es lo que tenemos que hacer? Es un proceso sencillo de mencionar pero difícil de hacer pero que es la contraparte de esta situación. Es difícil porque hay que ser muy, muy constante.

Si ves por la televisión la noticia sobre un desastre notarás que en el momento inmediato posterior a la tragedia salen personas padeciendo las consecuencias y contándolas a los reporteros. Algunas personas llorando, otras clamando por ayuda externa, ¿no es así? Bien, después de unos días ¿qué vemos? A las personas haciendo un inventario de lo que les quedó (un recuento de los recursos) ya que sobre eso es que va a darse la reconstrucción.

Pues bien, tu tienes que hacer algo similar. Después de algún tiempo (tómate el que necesites para tu duelo, pero procura no exagerar) es preciso dejar el recuento de los daños y empezar el recuento de los recursos que tenemos, de lo que nos queda, de lo que aprendimos, de lo que obtuvimos como personas al pasar por la relación pero también sobre la ruptura. De preferencia haz ese recuento por escrito. Repito: Para iniciar la reconstrucción hay que hacer un recuento de los recursos. Esto, aunque no lo creas, empezará a hacerte sentir bien y lo más importante no dejará bajo la alfombra tus emociones negativas sino que se hará una limpieza más mucho más a fondo. Pero es necesario que seas muy, pero muy constante. Tienes que hacer este recuento con la misma o mayor constancia con que haces la otra.

Muy probablemente cuando leas esto te parecerá tan simple y sencillo que te hará cruzar por el camino de la incredulidad y de ahí a la inacción. Pues te tengo la buena noticia de que esto no es un acto de fe. Así qué ante la duda puedes poner a prueba lo que te digo y checar por ti misma los resultados. Excelente idea, ¿no te parece?

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Psicología Generativa

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La Psicología Generativa es la recopilación de constructos cognitivos que se refuerzan a si mismos y nos proporcionan bienestar.