¡Qué nada te detenga!

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“Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que te dirá que no lo hagas, cuando vean que no te pueden detener, te dirán cómo lo tienes que hacer, y cuando finalmente vean que lo has logrado, dirán que siempre creyeron en ti”.

John C. Maxwell

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¿De quien es el obsequio?

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Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes.

A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación.Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama.

Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.

Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos -ofendiendo incluso a sus ancestros-.Durante horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible.

Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.

Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron
-¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?

El maestro les preguntó:
-Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?

-A quien intentó entregarlo- respondió uno de los alumnos.

– Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-.Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.

La pasión

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“No olviden que, a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…).
Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita.
Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana;
y la raza humana está llena de pasión.
La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana.
Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos”.

Del film “La Sociedad de los poetas muertos”

Para aliviar la tristeza

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La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

La luna
Jaime Sabines

¿Dónde están el bien y el mal?

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Una noche, un viejo cherokee le habló a su nieto de una lucha que se libra al interior de las personas. “Hijo mío, la lucha se da entre dos lobos en nuestro interior. Uno es el Mal. Es la ira, la envidia, los celos, la tristeza, el arrepentimiento, la avaricia, la arrogancia, la autocompasión, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras, el falso orgullo, la superioridad y el ego. El otro es el Bien. Es la alegría, la paz, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la amabilidad, la benevolencia, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión, y la fe”. El nieto lo pensó un rato y luego le preguntó al abuelo: ¿Cuál lobo gana?”. El viejo cherokee se limitó a contestar:”Al que alimentes”.

Personas felices, personas infelices

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“La gente feliz no experimenta un éxito tras otro y la gente infeliz, un fracaso tras otro. Por el contrario, estudios muestran que tanto la gente feliz como la infeliz tiende a tener experiencias similares en su vida. La diferencia está en que la persona infeliz promedio gasta más del doble de tiempo pensando en los eventos desagradables, mientras la gente feliz tiende a buscar pensamientos que destaquen su visión personal de sí mismo y a confiar en ellos”.

Sonja Lyubomirsky

No te detengas

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No te detengas

Walt Whitman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.