El teniente Dan

IMG_0369.JPG

¿Has visto “Forrest Gump”? Es un film lleno de símbolos representados por personajes interesantísimos: el buenazo, obediente y afortunado Forrest; la atormentada y después reconciliada Jenny; mamá Gump capaz de todo (¡de todo!) con tal que su vástago asegure un buen futuro a pesar de sus limitaciones; Bubba el conocedor de su meta en la vida (sin pensar si el destino tiene otros planes); y del que quiero contarte: el teniente Dan.
El teniente Dan está en la guerra de Vietnam donde conoce a Forrest. Está con la convicción y certeza de que ahí va a morir. En su familia hay un varón muerto en cada guerra que ha librado su país. Él no puede ser diferente. Tiene el destino decidido.
Son atacados sorpresivamente. Trata de poner a todos sus hombres a salvo. Su pelotón no debe seguir su infausto destino pero el ataque es mortal. Forrest, como se le ha indicado, corre tanto que se pone a salvo. Hasta qué se da cuenta que su amigo Bubba quedo atrás. Regresa por él pero no lo encuentra pero si a otro compañero. Lo salva. Regresa. Se repite una y otra vez. En algún momento es herido superficialmente y sin embargo continúa buscando. Cuando encuentra a Bubba sólo es para verlo en sus últimos momentos.
A uno de los que salva es al teniente Dan. Él se resiste a ser salvado. Él debe morir ahí. Forrest ve que está muy mal herido y no lo va a dejar ahí.
Ya en el hospital y fuera de peligro el teniente Dan está perplejo, frustrado y muy enojado; no pudo cumplir con su destino ni con su deber y lo que es muchísimo peor; perdió sus piernas.
Debió haber muerto pero Forrest lo impidió. Le reclama. Forrest no entiende ni atiende su molestia. Se convierte en el blanco de su frustración.
Después de algún tiempo a Forrest le otorgan una medalla por lo heroico de su acto. Él la recibe y la agradece pero no la entiende: sólo hizo lo que tenía que hacer.
Pero por ese reconocimiento el teniente Dan va en su busca para burlarse de él, para reclamarle, para hacerle ver lo injusto de la situación, para decirle lo equivocado de la decisión del Congreso al otorgar ese reconocimiento a alguien como el limitado Forrest Gump.
Sin embargo, quiere involucrar a Forrest en su propio y desorientado modo de vivir. Es inútil. Pero alcanza a ver lo absurdo de su propia situación. Sólo mal vive de lo que el gobierno le da como pensión. No hace más nada, no tiene planes, no tiene futuro y lo peor es que ni siquiera tiene presente.
Forrest, en cambio, si tiene planes. Debe cumplir el sueño que Bubba tuvo a bien compartir con él e invitarlo: tener un barco camaronero. El teniente Dan se burla y con sorna le dice a Forrest que si alguna vez llegará a tener un barco hasta sería su segundo a bordo.
Pero Forrest lo logra. Tiene su barco pero no pesca nada a pesar de su constancia, de las lecciones de Bubba y de la solicitud de ayuda divina.
Un día el teniente Dan va en su busca y le dice que va a trabajar con él pero que no se le ocurra que le va a decir “capitán” (¡cómo su antigüo subordinado ahora va a ser su superior!). Forrest no tiene esos problemas. Pero la mala racha sigue y no pescan nada. Sólo infortunios.
El teniente Dan sigue con rencor, tristeza y desconcierto. Espera que la ironía, la sorna y el alcohol le hagan sentirse mejor, pero no sucede.
Otro día de mala pesca y se burla de Forrest: “¿Dónde está tu Dios?” cuestiona. Forrest piensa: “Es curioso que preguntara eso, porque en ese momento Dios apareció”.
Se desata una tormenta de proporciones bíblicas. Vemos a Forrest tratando de hacer lo posible por el barco y cree que el teniente Dan ya enloqueció porque está en lo más alto del mástil descargando en maldiciones, groserías y reclamos todo su rencor hacia Dios, o hacia la vida o hacia él mismo.
Después, como siempre, llega la calma. El teniente Dan y Forrest contemplan el mar en calma y un maravilloso atardecer.
El teniente Dan está muy tranquilo, en paz y dice: “Forrest. Nunca te agradecí por haberme salvado. Gracias”.
Se tira al mar y se va nadando plácidamente hacia la puesta de sol.
Ya se reconcilió con Dios, o con la vida, o con él mismo.
A partir de ese momento su vida cambia a su favor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: